Arquitectura bioclimática: pasiva VS activa

Vamos a hablar de aprendizaje. De reducir la demanda energética, y de arquitectura tradicional. Vamos a hablar de bioclimática: pasiva VS activa. De porqué es necesario tener en cuenta qué y cómo construimos. De menor consumo energético con mayor confort.

Sin duda, reducir la demanda de calefacción y refrigeración al mínimo, en edificios de obra nueva, es muy sencillo. Además empleamos sistemas de energía renovable que garantizan un gasto mínimo en las facturas.

Sistemas pasivos arquitectura bioclimática

Son el conjunto de elementos que permiten adaptar los medios existentes del entorno para alcanzar la zona de confort. A la ubicación se le asocia una cantidad de soleamiento y lluvia, unos vientos predominantes, una temperatura y una humedad concretas.

La arquitectura bioclimática «configura» estas herramientas para optimizar el rendimiento energético del edificio. Envolvente, factor de forma, orientación, proporción de superficies acristaladas, protección pasiva en Logroño para solares, aislamiento, captación, inercia térmica, ventilación pasiva y activa, enfriamiento, iluminación natural o vegetación son las estrategias pasivas de arquitectura que nos permiten diseñar edificios con consumo de energía casi nulo.

Sistemas activos en arquitectura

La base de la bioarquitectura nos habla de minimizar las necesidades de aporte energético externo a la vivienda. En caso de ser imprescindible, éste ha de ser renovable.

Producción eléctrica

Solar fotovoltaica: el rendimiento de los paneles es muy alto y, aunque la inversión inicial es elevada, el ahorro energético a medio plazo hace que sean muy atractivos para el consumidor.

Eólica: España es uno de los países a la cabeza en la producción a nivel mundial y su construcción está subvencionada por el estado.

Producción térmica

Solar térmica: su principal aplicación es la producción de agua caliente sanitaria y calefacción por suelo radiante. También la podemos emplear para refrigeración mediante equipos de absorción.

Geotérmica: aprovecha la producción de energía generada por la propia tierra. Mediante un sistema de tuberías enterradas, cede el calor al terreno en verano y lo acumula en invierno.

Biomasa: utiliza como materia prima residuos de actividades agrícolas y forestales o subproductos de la transformación de la madera. Utilizada para agua caliente sanitaria y calefacción.

Sistemas híbridos

Alternan su uso como sistema pasivo en algunas ocasiones y como sistema activo en otras. Es interesante integrar entre sí los elementos necesarios para el correcto funcionamiento del edificio. ¿Es posible emplear paneles solares de forma que capten la energía a la vez que proporcionan sombra en los momentos más críticos del año? ¿Puede utilizarse el almacenamiento de agua para aislar del calor mientras potenciamos las técnicas de enfriamiento evaporativo?.

La respuesta es evidente, sí se puede. Por eso es vital tener todos estos factores en cuenta desde la concepción de la idea, para maximizar la eficiencia y minimizar los costes. El secreto es la optimización del proceso de diseño. Como ya hemos comentado, la clave es tener una visión de conjunto en arquitectura bioclimática: pasiva VS activa.

Sobrecoste y recuperación

En cuanto al diseño, la arquitectura pasiva no supone coste adicional alguno. No obstante, es indispensable tener presentes desde el nacimiento del proyecto las necesidades del cliente y sus rutinas, así como las características del entorno. Sólo así podemos optimizar los recursos disponibles y adaptarlos al edificio.

Por otra parte, el descenso del período de amortización de la tecnología para la explotación de las fuentes de energías renovables ha favorecido la incorporación de estos sistemas a nivel de usuario, lo que no sólo contribuye a preservar el medio ambiente sino que además puede ser una vía de ahorro energético y de reducción de la factura.

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